El arte de pensar

Guía de Arthur Schopenhauer para la actualidad.

Pensar por sí mismo

La más rica biblioteca, si está en desorden, no es tan útil como una biblioteca restringida pero bien ordenada. Del mismo modo, puede uno tener multitud de conocimientos, pero, si no han sido elaborados por el propio pensar, resultarán de menos utilidad que una pequeña cantidad de los mismos debidamente asimilados. Leer y aprender son cosas que podemos hacer por propia voluntad; pero no sucede lo mismo con el pensar.

Leer es pensar con la cabeza de otro en lugar de con la propia. Los pensamientos no fluyen por sí mismos en un todo intelectual, en una unidad de saber, de profundidad, de convicción. Producen en el cerebro una ligera confusión babélica, privan al espíritu de toda visión clara y lo desorganizan.

Los medios actuales prueban lo poco inclinados que son los hombres a la reflexión y meditación y con qué superficialidad viven. Su intención es, sobre todo, gozar placeres con el menor esfuerzo posible de pensamiento. Podemos cambiar esa naturaleza.

El producto intelectual del que piensa por sí mismo es como un bello cuadro, fiel a la vida, en que la luz y las sombras son exactas, su tono contenido, la armonía de colores perfecta.

Pensar y leer

Hasta los escritos de cabezas mediocres pueden ser instructivos, dignos de leerse y divertidos, siempre y cuando sean fruto de pensamiento y estudio. Aunque casi siempre se confunde la compra de un libro con la apropiación de su contenido. Es imposible retener todos los contenidos que leemos.

Todo libro importante debe ser leído enseguida dos veces, en parte, porque la segunda vez se captan mejor las cosas en su concatenación y tan sólo se entiende bien el principio después de conocer el final. La segunda vez también nos encontramos en un estado de ánimo diverso, respecto a la primera y, por ello, tenemos una distinta impresión.

Nada reconforta al espíritu como la lectura de los antiguos clásicos. La perfección de las antiguas lenguas y la alta calidad, cuyas obras intactas perduran a través de los milenios.

Es de gran importancia conocer nuestra historia y la evolución del pensamiento. Existen dos historias: la historia política y la de la literatura y del arte. La primera es terrible, aflicción, engaño y asesinatos en masa. En cambio, la segunda es pacífica y serena como lo es el intelecto aislado, aun describiendo errores. En realidad, ésta es su bajo fundamental que se hace sentir también en la otra historia y que así en ella, desde el fundamento, guía la opinión: y esta última domina el mundo. Por eso, es también la filosofía, en el sentido propio y bien entendida, la más fuerte materia; actúa, sin embargo, con gran lentitud.

El arte de escribir

La primer regla es que uno tenga algo que decir. Tan sólo aquel que toma directamente de su cabeza la materia sobre la cual escribe es digno de ser leído.

Todo gran pensador se esfuerza por expresar sus ideas del modo más puro, claro, seguro y breve posible. La sencillez ha sido siempre un atributo no sólo de la verdad, si no también del genio. El estilo recibe su belleza del pensamiento que expresa; pero los pensamientos han de ser embellecidos por el estilo. El estilo, después de todo, no es más que la silueta del pensamiento. Escribir de modo poco claro o mal significa pensar de modo turbio y confuso.

El signo de una cabeza eminente es saber encerrar muchos pensamientos en pocas palabras. La verdad desnuda es la más bella, y su impacto será tanto más profundo cuanto más simple la forma de expresión. Así absorbe sin obstáculos, la mente entera del oyente, sin ideas accesorias que lo distraigan; en parte, porque éste no se siente sobornado o engañado por artificios retóricos, si no que todo el efecto procede de la cosa misma.

Sólo la convicción de la verdad y de la importancia de nuestras ideas engendra el entusiasmo que se requiere para no dejar de buscar, con incansable constancia, la expresión más clara, más bella y más vigorosa. Los autores antiguos, cuyas ideas han continuado viviendo en sus palabras a lo largo de milenios y llevan el titulo de honor de clásico, escribieron siempre con gran esmero. Se dice que Platón rehizo siete veces la introducción de La República.

La palabra del ser humano es el material más durable. Cuando un poeta ha encamado su más figurativa impresión en palabras que le son exactamente apropiadas, en ellas vivirá durante muchos siglos y se renueva en cada lector que tiene acceso a ellas.

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